Para terminar

Pasamos gran parte de nuestras vidas persiguiendo la felicidad y huyendo del sufrimiento (como dicen los budistas). Lamentándonos de este trabajo horrendo que nos ha tocado..., si tuviera otra pareja..., tal vez si Dios me hubiera dado hijos... o si no me los hubiera dado...y si viviera en otra ciudad... o en el campo...

Un sinfín de condicionales (convertidos en condiciones) que nos impiden vivir tranquilos, esperando que sea el exterior el que nos proporcione las circunstancias adecuadas a cada uno para encontrar la ansiada felicidad, o por lo menos el querido bienestar, sin embargo mi propuesta es un cambio de dirección, como ya han repetido bastantes filosofías, lo que buscamos fuera está dentro.

Es importante encontrar el camino y regresar a nuestra casa/cuerpo. Oír sus mensajes. Escuchar sus llamadas. Hasta ahora sólo lo hemos hecho cuando se pone enfermo. Entonces reclama toda nuestra atención. Dolor, fiebre o la preocupación ante un diagnóstico médico que nos indica que algún órgano empieza a fallar, nos hace fijar toda nuestra atención y escuchar, primero llenos de ansiedad y después un poco más serenos, los mensajes que transmite esa parte de nuestro cuerpo que se ha cansado de susurrarnos, hablarnos más tarde y ahora nos llama a gritos y que solamente nos indica que cuidemos de ella amorosamente, que la tengamos en cuenta.

Nuestro cuerpo pleno de vida nos conduce a la maravilla del amor. Esta es su experiencia cumbre. Cuando me detengo a prestarle atención relajadamente, entregada a sus manifestaciones, puedo comprender como dentro de él tengo todo lo que necesito para ser feliz. Los latidos, siempre rítmicos del corazón me conducen a escuchar bellas melodías, animada por la cadencia pulsátil de su contracción y dilatación. Mientras la ternura hace rebosar mis ojos de lágrimas serenas, a su vez la emoción sentida recorre mi cuerpo llenándole de plenitud y haciéndome sentir la Vida, en una experiencia de Paz.

Alma con alma se han deposado,
el tacto oficia la ceremonia,
los demás sentidos regocijados,
asisten al banquete
Y en este baile de gozo,
los cuerpos abandonados,
sienten, comprenden, aceptan.
Dan sentido a nuestras vidas.
Consciencia a sus sensaciones.